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Incentivos fiscales para la industria automotriz: los beneficios superan los costos


por Cluster Industrial 2021-06-22 16:59:00 Compartir

Ante los diferentes posicionamientos, es necesario plantearse una comparación de lo que sucede en otros países, así como la razón para que estos incentivos sean diferentes en cada caso, su costo-beneficio y las posibles propuestas a futuro.


Ciudad de México, 22 de junio de 2021.- Recientemente, una antigua discusión ha resurgido en el país: ¿Tiene la industria automotriz demasiados incentivos fiscales en México? Desde al menos los años noventa, este tema ha sido usado para tergiversar la atracción de inversiones, que, a su vez, es comúnmente usada para presumir administraciones estatales o federales, según convenga.

 

Este tira y afloja, fuera de la esfera política, pone tensiones al sector automotriz no solo en México, sino en muchos países del mundo, justo cuando la industria lucha por superar la enorme caída provocada por la pandemia y sus efectos, como el desabasto de semiconductores, o los enormes gastos de inversión en manufactura y desarrollo que implica el tránsito a los vehículos eléctricos y autónomos.

 

ENTENDIENDO LOS ESTÍMULOS FISCALES

 

Para comenzar a desmenuzar la situación, debemos comprender su contexto. Los incentivos fiscales a la inversión no aparecen solo porque sí, y tienen beneficios, así como costos. Citando a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)/Oxfam Internacional, en su documento Los incentivos fiscales a las empresas en América Latina y el Caribe: 'una política de incentivos será costo-efectiva si los beneficios que produce, tanto económicos como sociales y ambientales superan a los costos que genera'.

 

Según el estudio de la CEPAL, Chile y México son los países más avanzados en el uso de incentivos fiscales costo-efectivos, gracias al uso de instrumentos como deducciones, créditos tributarios y diferimientos impositivos que están más relacionados con la inversión y presentan una mayor participación en el costo fiscal total de los incentivos.

 

Es muy importante saber que si bien los incentivos fiscales pueden devenir en gastos tributarios (pérdida de recaudación), no todos los gastos corresponden a incentivos, pues algunos pueden ser simplemente beneficios tributarios. Explicado de otra forma, todo incentivo implica un beneficio, pero no todo beneficio constituye un incentivo (Villela, 2006). El objetivo principal de un incentivo es promover un cambio en el comportamiento de los agentes económicos; por ejemplo, el de cambiar la composición del PIB de un estado como Guanajuato, de uno predominantemente agrícola a uno manufacturero (lo que es hoy una realidad).

 

En general, América Latina aún tiene mucho por avanzar para mejorar la gobernanza de incentivos fiscales, recalcando la necesidad de tener fechas de término para regímenes preferenciales y evaluaciones periódicas sobre costo y efectividad de tratamientos fiscales preferenciales, tener mayor participación de organismos ciudadanos y cooperación internacional.

 

EL CASO DE MÉXICO CON LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

 

El SAT, a través de Raquel Buenrostro Sánchez, Jefa del Servicio de Administración tributaria, declaró a El Economista que la industria automotriz 'tiene en muchos beneficios fiscales comparados con los que se tiene en otros países'.

 

Comparemos esto con lo dicho por Federico Ovejero, Vicepresidente de GM para Argentina, Paraguay y Uruguay a Infobae: 'Hicimos un estudio hace tres años con una consultora internacional para saber la competitividad de nuestros vehículos en Brasil, México y Argentina. Brasil es un 30% más caro que México para fabricar un coche, y Argentina es un 60% más caro que México para fabricar un coche'. Esto, hablando sobre la carga impositiva que hay en México, por lo que podría decirse que México sí cuenta con mejores beneficios fiscales.

 

En México se tiene una deducción del ISR del 25% por inversión en el sector automotriz, y un crédito del 30% para proyectos de I+D, además de exención de impuestos indirectos/aranceles a empresas IMMEX, según CEPAL. Según el estudio citado, en nuestro país, el gasto tributario por estos incentivos a la inversión es menor al 0.9% del PIB, uno de los más bajos de Latinoamérica.

 

Por su parte, el SAT presentó a mediados de junio una tabla donde se afirma que el sector automotriz tiene una tasa efectiva promedio de 1.39% en las armadoras y de entre 2.17% y 4.67% en las autopartes, lo que para consejos del sector empresarial es un mal cálculo.

 

Tomando estos datos contrastantes en cuenta y nuestra pregunta inicial: ¿hay demasiados incentivos fiscales en México?, podemos suponer que: hay más incentivos fiscales en México para la industria automotriz que en otros países, pero no tantos como para representar un gasto tributario excesivo.

 

Daniel Romo, Director de Inteligencia de Directorio Automotriz, profundiza en la verdadera magnitud de los apoyos y sus resultados: 'En términos generales, los incentivos no han sido únicamente fiscales, sino muchas veces se negocia infraestructura clave (como terreno, conexión con vías férreas o carreteras, urbanización, etc.) o bien económicos (ayudar en la formación y capacitación del personal, cubrir algunos trámites burocráticos, etc.). Los incentivos, en la gran mayoría de los casos, son un paquete de diferentes aspectos negociados a la medida de cada caso y no siempre son significativos, por lo que en la relación costo-beneficio resultan evidentemente muy convenientes'.

 

UN EQUILIBRIO DELICADO

 

Si bien queda claro que una revisión y estudios de los incentivos fiscales vigentes para el sector automotriz son necesarios, simplemente porque no han sido realizados durante varias administraciones, también se debería buscar que estos sigan siendo posibles para continuar como uno de los diez países con mayor atracción de IED en el mundo.

 

México no puede darse el lujo de ser uno de los países donde se fabrican más automóviles en el mundo y además pasar a ser uno donde hacerlo sea demasiado caro para la industria. Encontrar un balance en esta situación será complicado, más cuando los éxitos de tener incentivos fiscales se han traducido en cientos de miles de empleos y decenas de miles de millones de dólares en inversiones, transformando regiones enteras como el Bajío en las zonas de producción automotriz más dinámicas del continente, y el mundo.

 

La clave parece estar una vez más en la gobernanza y la transparencia de la industria automotriz y en el ejercicio responsable de los gastos tributarios. ¿Hasta qué punto puede mediarse entre la continuación de incentivos fiscales y el alza en la recaudación de grandes contribuyentes? Esa es una pregunta que solo el tiempo podrá responder.

 



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