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Artículos Especiales

Lo bueno, lo malo y lo incierto en la Ley de la Industria Eléctrica


por Cluster Industrial 2021-02-26 11:00:00 Compartir

Enviada a la cámara de Diputados el 1 de febrero, y aprobada el 23 del mismo mes, la reforma ha causado revuelo a nivel internacional por sus posibles implicaciones, pero ¿cuáles son? ¿serán benéficas o dañinas y cuándo podríamos ver sus efectos?


La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, enviada de forma preferencial por el presidente a la Cámara de Diputados, y aprobada en lo general el pasado 23 de febrero, es una de las reformas más controvertidas de los últimos años, provocando multitud de opiniones y proyecciones de sus efectos para el futuro del país en materia energética y de inversiones.

 

Algunos han querido compararla con la expropiación petrolera, otros han jurado que espantará toda nueva inversión de nuestro país y nos sacará del T-MEC, y otros más toman prestado las palabras de cierto político mexicano que dijo alguna vez “ni nos perjudica ni nos beneficia, sino todo lo contrario”.

 

Lo cierto es que rara vez una reforma deja contento a todos, y que no puede observarse en blanco y negro, sino con una escala de grises. Por eso, te presentamos lo bueno, lo malo y lo incierto sobre la nueva Ley de la Industria Eléctrica.

 

LO BUENO

 

Tengamos esto claro, la CFE es una empresa paraestatal que distribuye y transmite la electricidad del país de forma exclusiva. El caso de México con la CFE es único a nivel T-MEC, y lo que compartimos con Canadá y Estados Unidos es una legislación donde particulares pueden generar y comercializar la electricidad. Pero nuestra paraestatal eléctrica también produce y comercializa electricidad en todo el país, sin tener la capacidad de generar el total necesario para el suministro.

 

En resumen, los beneficios de esta reforma son casi exclusivamente para blindar y fortalecer financieramente a la CFE, que viene padeciendo problemas importantes en capacidad y pérdidas por subsidios desde hace años. La reforma le dará prioridad a la CFE y facultades para elegir despachar primero la energía más barata a su alcance y no obligarse a hacer subastas. Como toda gran empresa en el país, paraestatal o no, es importante que sobreviva, y la reforma está dirigida precisamente a ello.

 

Otro punto que sería benéfico y ha sido poco mencionado es que los Certificados de Energía Limpia (CEL) se mantendrán, pero podrán extenderse a cualquier planta productora de energía sin importar su antigüedad. Se ha mencionado que esto evitaría la instalación de nuevas plantas, haciendo que invertir en ello no suceda más, sin embargo, esto significaría que tendría que invertirse para convertir viejas plantas en generadoras de energías limpias para obtener el CEL, lo que aún significa inversión, o incluso podrían hacerse adquisiciones de viejas plantas con este mismo propósito.

 

LO MALO

 

En el gran pastel de la electricidad en México, darle más rebanadas a la CFE le quitará rebanadas a la inversión extranjera, enfocada en la generación de energía limpia. Es decir, afecta la libre competencia, al poner candados para los que solo la CFE tendrá la llave y última palabra.

 

Otro punto es que México fue hasta hace algunos años el país con la energía más barata y limpia, proporcionalmente, de Latinoamérica. Ya no lo es, y con la nueva reforma retrocederemos más en ello. Bajo la nueva ley, se pueden revisar y revocar permisos de autoabastecimiento de energía, que algunos sectores industriales usan de forma importante para hacer su operación menos contaminante y más sustentable.

 

Además, se podría encarecer y afectar al mercado eléctrico mayorista en el que se encuentran grandes empresas de industrias como la automotriz, mientras que, para el usuario común, la falta de subastas y preferencia por energías que genere la propia CFE también podría hacer que el servicio cambie impredeciblemente de precio.

 

De forma obvia, también destaca que entre las energías que buscará usar la CFE está la generada por quema de combustóleo, que actualmente abarrota las refinerías de PEMEX en el país, y no está siendo vendido. Este subproducto de desperdicio afectará de manera importante a ciudades de por sí ya impactadas por la contaminación como Salamanca, o incluso Manzanillo.

 

LO INCIERTO

 

Una cosa es la teoría, y otra la realidad. Y es que, en teoría, la reforma podría ayudar a rescatar a la CFE de sus aprietos, y abrirle la posibilidad de invertir en energías estables, redituables y más limpias que el combustóleo o los ciclos combinados. Podría, en un largo plazo, dar la posibilidad a la CFE de añadir centrales hidroeléctricas, nucleares y sus propios parques eólicos y solares, yendo en línea con la mayoría del mundo en materia energética. Pero la realidad pareciera apuntar, al menos en el mediano plazo a que se busca todo lo contrario, invertir y mantener las formas viejas, hacerlas nuevamente predominantes, aunque nunca hayan dejado de serlo realmente.

 

Hay certeza en que la nueva ley aparezca en el Diario Oficial de la Federación durante marzo, lo que permanece incierto es el rumbo que las discrepancias y posibles disputas internas y externas puedan tomar. De forma interna, podría presentarse una demanda de inconstitucionalidad o una controversia constitucional. De forma externa, las empresas, inversionistas y estados vecinos como Canadá o Estados Unidos podrían llamar a paneles internacionales de arbitraje o intervenir directamente.

 

Las empresas e inversionistas podrán prepararse y ampararse en los próximos seis meses, hasta que las regulaciones derivadas de la ley tomen efecto, y quizás, solo quizás, para entonces un congreso sin mayorías absolutas podría estar en funciones, y listo para frenar o modificar la ley de la industria eléctrica una vez más.

 



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